Programa de Desarrollo Agroalimentario, Agroindustrial y Agroenergético del Valle Inferior del Río Chubut

Transformación en marcha

Por Subsecretaría de Agregado de Valor y Nuevas Tecnologías

Para llevar a buen puerto sus estrategias de negocios, los productores, procesadores y elaboradores que conforman el sector agroalimentario y agroindustrial, dependen en gran medida de la mejora permanente de sus capacidades de gestión. De ahí la necesidad de hacer confluir todas las alternativas de capacitación, aprendizaje y adopción de tecnologías (blandas y duras), con herramientas de financiamiento adaptadas a los diferentes escenarios y condiciones regionales. Dar respuestas adecuadas a esa necesidad es precisamente una de las funciones de la Subsecretaría de Agregado de Valor y Nuevas Tecnologías (SSAVyNT), creada para aportar desde la gestión herramientas que promovieran la multiplicación de experiencias empresariales exitosas, catalizando la profesionalización, la diversificación y el agregado de valor en los contextos locales.

Un enfoque integral

En tal sentido, la experiencia acumulada por el equipo de trabajo de la Dirección de Agroalimentos y del PROCAL II que integran la Subsecretaría, posibilitó diseñar alternativas de intervención innovadoras, que lograron consolidar cambios profundos en distintas latitudes.

El financiamiento es sin duda una de las claves para impulsar esos cambios, aunque ha demostrado ser una condición necesaria pero insuficiente: tiene que estar integrado a proyectos o programas que enfoquen integralmente los requerimientos de la transformación que se quiere impulsar. Aplicando esos criterios, la articulación en la SSAVyNT de instrumentos que el Ministerio posee desde antes de su creación, ha permitido lograr avances exitosos y palpables, como el que brinda el Programa de Desarrollo Agroalimentario, Agroindustrial y Agroenergético del Valle Inferior del Río Chubut (VIRCH).

Desde diversas áreas del Ministerio se vienen desarrollando acciones e inversiones en el VIRCH. Uno de los casos más importantes es la gran inversión en obras de riego financiada desde el PROSAP, valuada en cerca de 30 millones de dólares.

Considerando la magnitud de la obra, desde la SSAVyNT se comenzó a pensar en la posibilidad de generar un entramado productivo capaz de abastecer de carne vacuna a la región patagónica, lo que a la vez generaría negocios a partir de la futura exportación de carne libre de aftosa sin vacunación, condición esta asociada a la posición geográfica del VIRCH.

El desarrollo de esta idea lleva aparejada una enorme potencialidad para generar energía a través de la biodigestión de residuos animales y biomasa vegetal, pero cristalizar este sueño hacía necesario promover la producción de maíz y sorgo en la región, lo que a su vez tornó ineludible emprender un experimento de siembra a escala.

A tal fin, fueron convocados, además de los técnicos de la SSAVyNT y los que desarrollan sus actividades en la Delegación de Gaiman del MAGyP, la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y la Asociación Maíz Argentino (MAIZAR) y, por supuesto, el INTA. Por su parte, la Cartera Agrícola de Chubut se comprometió a colaborar con los recursos que tiene disponibles en el área en cuestión.

Desde la SSAVyNT se coordinaron los esfuerzos de todas las partes, cuyos aportes pueden resumirse en el siguiente cuadro:

MAGyP • Adquisición de maquinarias.
• Contratación de técnicos.
• Aportes en personal, movilidad y viáticos.
• Contratación del servicio de siembra para la primera campaña.
INTA • Apoyo técnico y seguimiento.
ASA • Aporte de la totalidad del material genético para las pruebas.
MAIZAR • Elaboración del diseño experimental y apoyo técnico a la iniciativa.

Producción de maíz y sorgo

En octubre de 2012, próximos a la fecha de siembra, ASA convocó a todos los semilleros que deseaban participar del proyecto para que entregaran en el MAGyP los materiales genéticos a evaluar en la zona. En total se reunieron 67 tipos de maíz y sorgo de 17 semilleros participantes.

MAIZAR realizó el diseño y metodología de los ensayos, y la posterior evaluación estadística de los datos. A su vez, se estableció una codificación especial de los materiales involucrados, garantizando de esta manera que el marco del proyecto no se conviertiera en una vidriera de competencia comercial entre semilleros.

Con el apoyo de la Delegación, 19 productores del Valle aportaron una superficie de 74 hectáreas para llevar adelante la producción, asumiendo el compromiso de contar con la cama de siembra en condiciones óptimas para la implantación de los cultivos.

Por otra parte, representantes del INTA y cuatro técnicos agropecuarios contratados por el MAGyP realizaron el seguimiento constante de los lotes de ensayo y producción. La presencia del Ministerio fue continua, mediante las visitas de técnicos cada 10 ó 15 días, destinadas a coordinar actividades y monitorear los cultivos junto al equipo que desempeñaba sus actividades en zona.

El INTA también llevó a cabo un relevamiento de la maquinaria necesaria para complementar la escasa disponibilidad de la misma existente en el valle.

A partir de la articulación de todos los actores intervinientes comenzó a desarrollarse la logística para la siembra con énfasis en los siguientes aspectos:

• Adquisición de la maquinaria necesaria y los servicios de un contratista (figura casi inexistente en la zona) para esta tarea. La firma finalmente contratada tiene su asiento en Viedma.
• Obtención de los insumos necesarios (fertilizantes y herbicidas). En la zona del Valle los proveedores contactados no contaban con los volúmenes necesarios. Fue el contratista de la maquinaria quien ofició de proveedor y transporte de estos materiales.
• Contratación del flete para el traslado de las semillas de ASA desde la ciudad de Buenos Aires al Valle.

La siembra se inició el 9 de Noviembre. A partir de la fecha se estimó un período libre de heladas para el cultivo de maíz de solo 100 a 115 días, y siembras posteriores al 15 de Noviembre comprometían al maíz con destino a grano.

La actividad concluyó el 19 de Noviembre quedando pendiente implantar el sorgo. Sin embargo, en función de sus características, este cultivo permitió encarar dicha actividad con más tiempo, siendo incluso razonable sembrar en el mes de Enero.

Se utilizaron dos sistemas de siembra diferentes (uno en plano y otro en surco), a fin de poder evaluar dos formas de riego: por surco y por inundación.

Logros y perspectivas

La posibilidad de contar en zona con el parque de maquinarias adquirido por el Estado Nacional a través del MAGyP (tractor, sembradora, pulverizadora, cosechadora, corta – picadora, etc), configura una avance determinante para la transformación sostenible del Valle Inferior del Río Chubut.

El total de la inversión realizada desde el MAGyP, sin contabilizar las obras de riego, supera los $ 1,7 millones.

Como resultado, ya se cuenta con 74 hectáreas (65 ha de maíz y 9 ha de sorgo) exitosamente implantadas y cosechadas, que han brindado información suficiente para que en el presente año de lleguen a implantar 200 hectáreas, con el objeto de avanzar hacia un horizonte de 30.000 hectáreas potenciales.

Además de lo expuesto, y aunque aun no se ha determinado el rendimiento final de la cosecha en materia seca, los resultados que se dejan entrever (entre 90 y 140 toneladas de materia verde por hectárea) demostrarían que es posible no solo desarrollar un polo agroindustrial y agroenergético basado en la carne, sino que la iniciativa también tendrá importantes impactos positivos sobre las cadenas ovina y láctea establecidas en la zona

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