Apicultura

Una alternativa para todos

Por Ing. Jorge Pérez - Productor apícola. Asesor de empresas del sector.

La apicultura argentina es hoy uno de los principales protagonistas del mercado mundial, y las perspectivas de la producción son altamente favorables. En ese contexto, la exportación de miel fraccionada tiene mucho terreno por conquistar. Pasos que viene dando la Comisión Nacional de Promoción de Exportación de Miel Fraccionada para profundizar cambios, producir valor agregado con mieles diferenciadas e ir trabajando por consagrar una marca-país.
Hace ya tiempo que Argentina es potencia en producción de miel: más de 26.000 productores registrados, 80.000 toneladas promedio de cosecha anual, más de 120 millones de dólares de exportaciones, 170 millones de hectáreas cubiertas por cultivos, pasturas o bosques naturales, tercer productor mundial luego de Estados Unidos y China, son sólo algunos de los datos de interés. Si bien las estadísticas generalmente resultan aburridas, es importante destacarlas ya que reflejan el acontecer del sector.
Decir que hace años Argentina está dentro de los tres primeros exportadores ya no es novedad, pero si a eso se suma la renovación generacional producida en esta última década, (durante la cual -contrariamente a lo ocurrido en otros países-la edad promedio del apicultor disminuyó considerablemente), y se contabilizan los factores macroeconómicos que han apuntalado esos importantes cambios, el panorama se presenta realmente propicio.
Hace aproximadamente una década, un grupo de productores, asesores comerciales, especialistas en marketing y emprendedores en general comenzaron a trabajar en un proyecto nuevo dentro de la comercialización apícola: la exportación de miel fraccionada. La miel Argentina tradicionalmente se ha negociado en un mercado a granel como commoditie; las ventas de miel envasada eran pequeñas, y sólo las realizaban algunos pioneros que desplegaban un gran esfuerzo individual.
La referencia a diez años alude al período en el que Internet se expandió aceleradamente, la información comercial en general comenzó a circular libremente y el trabajo de concientización se empezó a meter en la piel del sector: los conceptos de “valor agregado”, “calidad”, “diferenciación” y “producto de origen”, fueron creando una nueva realidad.
Transitando el presente
El punto de inflexión para la organización y futuro despegue de estos emprendimientos fue la convocatoria realizada por la Dirección Nacional de Alimentos en diciembre de 2004 para formar la Comisión Nacional de Promoción de Exportación de Miel Fraccionada. Hasta entonces el área recibía las inquietudes de las empresas en forma individual, pero sus acciones no configuraban un proyecto de largo plazo con objetivos y etapas trazados.
Sin un apoyo claro de todas las instituciones, los primeros emprendedores empezaron a trabajar individualmente con acciones desperdigadas y heterogéneas que, con errores y éxitos, fueron trazando un camino sin retorno: la miel fraccionada como producto se está instalando. Esto es cierto en esta primera etapa, como marca blanca en la mayoría de los casos. Pero el mercado también empieza a pedir mieles regionales con nuestra bandera en la etiqueta.
Estas inquietudes transmitidas por empresarios extranjeros van corroborando el trabajo que comenzó a hacer Presidencia de la Nación con la marca país y la SAGPyA con el sello de calidad Alimentos Argentinos, para distinguir a la miel premium.
En este sentido la Comisión, que está integrada por veinticuatro empresas de siete provincias, estableció un estatuto para su organización interna, conformó grupos de trabajo y dio los primeros pasos importantes para el sector. Por ejemplo, el grupo de producción confeccionó, con el apoyo del INTI y de la SAGPyA, el primer protocolo de calidad para miel fraccionada, que habilitará a las empresas que lo cumplan a recibir el sello de calidad. A su vez, el grupo de trabajo de marketing elaboró el primer catálogo de miel argentina que se presentó en Apimondia (Irlanda) en agosto pasado y en ANUGA (Alemania), en octubre. Por último, también se definieron los mercados a estudiar para la inserción de las mieles fraccionadas y las ferias a participar donde se está trabajando junto con CIPA, con el Consejo Federal de Inversiones y la Fundación ExportAR.
La Comisión, que se encuentra en una etapa de consolidación como grupo, logrando un mayor conocimiento entre los participantes más asiduos, inicia ahora la etapa de proyectos más específicos: alianzas estratégicas y trabajos con relaciones más estrechas donde se necesita un compromiso mayor de las partes.
Esta etapa está abierta a nuevos participantes. Solamente se requiere voluntad de trabajo en equipo, ganas de colaborar y humildad para aceptar las decisiones que beneficien al conjunto y no a empresas particulares.
Este año se difundirán sus objetivos en las principales ferias apícolas nacionales y en las exposiciones internacionales donde participe la Comisión.
También se ha realizado una jornada de actualización para el sector, cuyo objetivo principal fue dar a conocer los trámites que faciliten el tratamiento de la documentación y agilicen las exportaciones, procurando lograr mayor coordinación entre los organismos intervinientes, una de las tareas pendientes más importantes a resolver.
Un viejo dicho señala que donde se juntan dos apicultores hay tres opiniones. Creo que ese refrán está quedando en el pasado. Las organizaciones del sector cada vez son más relevantes desde el punto de vista de la producción; grupos de Cambio Rural del INTA, asociaciones regionales y los programas apícolas provinciales van generando un movimiento que empuja a la cadena en un solo sentido: hacia la calidad y la diferenciación. También la Denominación de Origen para los productos regionales, o el origen floral generan nuevas alternativas de comercialización.
Otro hecho relevante es la participación de 12 empresas fraccionadoras en la exposición de ANUGA, sobre un total de 100 empresas argentinas de diferentes rubros. Esta situación revela con claridad el potencial de un sector que no estaba dormido, pero sí escasamente articulado. Como en cualquier actividad, el trabajo mancomunado de la producción, las empresas privadas y el Estado, genera alternativas para todos.
Mirando hacia el futuro
La Comisión Nacional de Promoción de Exportación de Miel Fraccionada tiene una oportunidad única para mostrar otro camino a la comercialización de la miel argentina. El mercado es inmensamente grande para todos los sectores. Pero la labor de miles de productores que dejan lo mejor de sí y de sus familias para obtener un producto de primera calidad, merecen comercializar su producto como miel argentina en las góndolas de todo el mundo.
Algunos dicen que en la Argentina todo cuesta el doble de esfuerzo. Esto es relativamente cierto: hay mucha inversión realizada, y plantas con capacidad ociosa a lo largo de todo el país esperando la oportunidad. Creemos que las condiciones están dadas para generar un cambio de mentalidad y comenzar a producir valor agregado en serio con una marca país. Con mieles diferenciadas y con clara conciencia, desde el productor hasta el último eslabón de la cadena.
La calidad no se controla, se hace. Y cada uno desde su lugar debe hacer lo mejor porque las exigencias -queramos o no- cada vez son mayores: análisis, trazabilidad y residuos cero ya están con nosotros y no se irán jamás.

(*1) Productor apícola. Asesor de empresas del sector. Especialista en salas de extracción y líneas de fraccionamiento y envasado. Actualmente preside la Comisión Nacional de Promoción de Exportación de Miel Fraccionada.

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