Cerdos, cambios y tendencias

Por Méd. Vet. Patricia Millares - Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca

En la Argentina cobra cada día más fortaleza un proceso de cambio en los conceptos que guían a la producción porcina, afianzando una tendencia hacia la modernización y tecnificación en busca de mayor eficiencia y productividad en condiciones de sustentabilidad.
Durante muchos años se debatió sobre los tipos de modelos productivos y su división entre “producción intensiva” y “producción extensiva”. Se asimilaba lo extensivo a sistemas “a campo” y lo intensivo a sistemas “a galpón o confinado”. En la actualidad, se coincide en que, sea cual fuere el sistema de producción elegido (a campo o en confinamiento), es imprescindible maximizar la productividad para reducir los gastos fijos y así obtener resultados económicos positivos.
El camino de evolución positiva del sector porcino nacional se sustenta en varios pilares fundamentales:
• En lo sanitario, el país cuenta con un muy buen estatus mundial, apoyado en la ausencia de dos enfermedades de alto impacto económico y productivo como el Síndrome Respiratorio y Reproductivo Porcino (PRRS) y la Peste Porcina Clásica.
Asimismo, los establecimientos productores aplican conceptos de sanidad acordes a las normativas vigentes y los laboratorios apuntalan el nivel de seguridad alcanzado, con el desarrollo permanente de productos cada vez más efectivos e inocuos. Para salvaguardar la sanidad de las granjas, se aplican conceptos de bioseguridad que, dependiendo del nivel de inversión, pueden ser sencillos o más sofisticados, pero todos apuntan a reducir el riesgo de introducción de enfermedades.
• A nivel de genética, las tecnologías existentes tienden a obtener un producto final de alta calidad, caracterizado por animales más prolíficos, con mayor aptitud materna, mayor velocidad de crecimiento con menor conversión, mejor rendimiento en el gancho y un nivel de magro que oscila en el 48%, lo que permite ofrecer al consumidor una carne de calidad diferenciada en cuanto a sabor, terneza y niveles de grasa.
• Respecto a instalaciones, se han ido incorporando modernos equipos diseñados en base a criterios que mejoran el manejo de las reses, favorecen el trabajo del operario, e incrementan el flujo de producción haciéndola más constante. Disminuir la variabilidad del cerdo en pie y propender al bienestar animal también son criterios en expansión.
• En lo atinente a manejo se incorporan permanentemente conceptos enfocados en el logro de mayor eficiencia, tales como flujos “todo dentro-todo afuera”, sincronización de partos, sistemas “win to finish” (destete a terminación), inseminación postcervical, gestación en grupos, etc. Todo esto controlado con sistemas de captura de datos específicos que permiten al productor tener un seguimiento diario de sus índices productivos y la forma como impactarán en sus índices económicos, ofreciéndole predictibilidad y sustentabilidad al negocio.
Estos avances se articulan de manera profesional con dietas diseñadas para un mejor aprovechamiento del potencial genético de los cerdos y que a su vez representen para el productor la alternativa para trabajar de manera eficiente en la relación costo-beneficio, teniendo en cuenta que el alimento constituye entre el 60% - 70% del costo de producción del cerdo.
Si bien la producción de cerdos en Argentina aún no ha logrado un gran desarrollo -en 2010 alcanzó las 282.000 toneladas- se vislumbra un cambio en este sentido de la mano de inversiones para radicar nuevas granjas y ampliar las existentes, objetivo que fomenta la disponibilidad de líneas de créditos a tasas subsidiadas por el Gobierno Nacional y otra serie de medidas en apoyo al desarrollo de la actividad. La autorización de la castración inmunológica se destaca como una medida de impacto productivo y en línea con las exigencias de bienestar animal.
Asimismo, el trabajo conjunto público-privado ha permitido que productores, industriales y consumidores valoren cada vez en mayor medida la importancia de observar las normas sanitarias y de higiene que requiere cualquier alimento cárnico, abriendo así paso a la presentación de cortes frescos envasados en góndola o a productos con denominación de origen.
Los cambios en la producción porcina nacional son continuos. Apuntan a lograr los mejores estándares productivos, sanitarios y de calidad, priorizan la formación de una cadena productiva moderna y eficiente, y se preparan para satisfacer las demandas de los consumidores más exigentes. Esta evolución, simultáneamente, refleja la creciente conciencia sobre las ventajas comparativas que tiene transformar los granos en proteína animal para generar mayor valor agregado.

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