Mercado

En la pulseada

Por Lic. Diego Grillo Trubba - Dirección de Industria Alimentaria

El vino y la cerveza son protagonistas destacados del mercado de las bebidas. Su disputa por el favor del público consumidor ha variado según las diversas circunstancias, y llevan protagonizadas memorables pulseadas publicitarias y promocionales. Un vistazo sobre la situación que protagonizan en la actualidad.

En el año 2005 se despacharon para consumo poco menos que 11 millones de hectolitros de vino en todas sus variedades, lo que representó un 1,31% menos que lo despachado en el año 2004. Pero más allá de este total acumulado, debe señalarse que si bien los primeros meses del año mostraron un brusco descenso del consumo en relación al mismo período del año anterior, los últimos dieron señales de un proceso exactamente inverso.
Estos datos estarían indicando, entre otras cosas, que habría rendido sus frutos la masiva publicidad destinada a incentivar el consumo interno del producto que fue generada desde la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). De ser así, por primera vez en muchos años nos hallaríamos en los albores de un proceso que se revierte, pues hasta entonces el consumo interno mostraba una tendencia muy marcada hacia el descenso, fenómeno coincidente con la tendencia mundial.
Este aumento de la demanda de vinos tuvo como consecuencia directa que en el verano de 2006 el consumo de cerveza no registrara los aumentos supuestos en los cálculos previos. En tal sentido, debe señalarse que los consumos de vino y de cerveza se encuentran íntimamente ligados. Las determinaciones estadísticas señalan –al menos en nuestro país- que por cada litro que aumente el consumo anual per capita de cerveza, el de vinos decrece en aproximadamente 1,8 litros, y viceversa. Por lo tanto, el aumento registrado en el consumo de vinos a partir de la campaña publicitaria influye directamente en la merma del consumo de cerveza declarado por los productores a distintos medios de comunicación. Esto no quita que -a valores anuales, el consumo de cerveza per capita (ubicado hoy por encima de los 37 litros), haya registrado aumentos, aunque este dato no alcanza a dar cuenta de si esto fue sostenido a lo largo de todo el 2005 o si, por el contrario, hubo una merma en la tasa de crecimiento en los últimos meses.
La explicación de este fenómeno es relativamente simple. La cerveza presentaba frente al vino una ventajosa relación precio-calidad, y logró convertirse en producto sustitutivo, especialmente durante la segunda mitad de la década de 1990. A grandes rasgos, el consumidor de cerveza es el mismo que el de vino, y en los últimos años el precio habría tendido a empujarlo en dirección a la cerveza.
El precio de la cerveza ha sido históricamente inferior al del vino. Por el mismo dinero resultaba más factible –a los ojos del consumidor- adquirir una cerveza de calidad que un vino de calidad (por lo menos, hasta llegar al límite de lo que hoy serían $5). Pero sucede que desde 1993, el costo de la cerveza para el consumidor ha aumentado un 273%, mientras que los vinos y sidras lo hicieron, en promedio, un 77%. Esta diferencia de casi 200% logró relativizar la ventaja comparativa que favoreció a la cerveza.
Se suma a este panorama el hecho de que el sector vitivinícola amplió considerablemente la variedad de su oferta y tuvo un altísimo crecimiento en lo referido a su inserción en el mercado externo. En 2005, por ejemplo, se exportaron vinos por valor de casi 300 millones de dólares, cifra que representó un 30% más que el año anterior y constituyó un récord histórico. Ese impulso no es aislado sino que viene de más atrás: en el último quinquenio, cada año batió la marca anterior de las exportaciones vitivinícolas (medidas en valores monetarios). A esto debe agregarse que el año pasado se exportaron más de 2 millones de hectolitros (36% más que en el 2004, revirtiendo la tendencia a la baja de cantidad de hectolitros exportados registrada en los últimos años).
Todo esto señala que el sector vitivinícola tiene su basamento más fuerte en el mercado externo y esto, precisamente, le permite ir por más. Es así como el sector generó un Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) que ha sido modelo para otras cadenas alimentarias y, también favoreció la creación de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), a la que se destina (a propuesta del sector privado, otro dato inédito en nuestro país) un porcentaje de las ventas externas que se utiliza para la promoción de las exportaciones y del consumo interno. Este actuar mancomunado del sector, la claridad de sus objetivos y la disponibilidad de medios le otorgan grandes posibilidades para fortalecer su presencia en el mercado interno.
¿Quieren decir todos estos datos que la tendencia se ha revertido, y que el vino le ganará terreno a la cerveza? Es prematuro afirmarlo, pero lo que indican claramente las cifras es que se ha producido una fisura en el paisaje que dominó el panorama de los últimos años. Como siempre, el tiempo dará la respuesta a esta competencia, pero los datos de hoy señalan que en el futuro cercano este mercado puede mostrar modificaciones significativas. Dicho en términos llanos, es factible que luego de mucho tiempo el vino se encamine a torcerle el brazo a la cerveza.

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